Ariodante (Registrado)
Esta es una obra de difícil lectura, por la manera en que está estructurada, en mi opinión demasiado forzada. Aunque estamos acostumbrados a este tipo de literatura contemporánea, donde no hay una narración lineal, sino que se entremezclan otro tipo de textos, poemas, breves ensayos, reflexiones de lo más diverso, etc. pero aun así, el lector debe tener al menos alguna pista para poder seguir leyendo y saber qué lee, de qué le están hablando. En esta obra, las pistas aparecen muy mediado el libro, con lo que el sufrido lector, cual mediocre detective, debe esforzarse enormemente para no abandonar en el primer tercio del libro. Porque el libro merece la pena ser leído, ciertamente, y conforme se acerca uno al final va descubriendo los nexos entre unos textos y otros. En mi caso, sólo fue hasta llegar a la narración del padre de Sarah sobre su vida en el ghetto, que me sentí verdaderamente atrapada por el libro.
El título de la obra es correctísimo, ya que Doctorow se guía por el patrón agustiniano, no sólo de su vida, sino de su obra Civitate Dei. Pemberton encarnaría –muy libremente- a S. Agustín. Y en Everett se encarna, evidentemente, el autor. En este punto, observo un cierto paralelismo con la obra de Philip Roth, autor obsesionado por encarnarse en sus obras. Y también hay ecos de la obra de Saul Bellow, e incluso diría más: de Paul Auster. No es casualidad que todos sean autores norteamericanos de origen judío, pero cuya relación con la religión recuerda las películas de Woody Allen. Sus preocupaciones básicas son similares, e incluso a veces se asemejan en el modo de abordar los temas, y en los personajes que crean.
Volviendo al libro, me llaman la atención las reflexiones wittgensteinianas, porque es un filósofo que me ha interesado siempre, por su obra y por su vida, también algo agustiniana, si vamos a ello. La inserción de canciones de principios de siglo es lo que considero más prescindible, aunque quizá al autor y a los lectores norteamericanos les traigan recuerdos de una época más que a los lectores europeos o concretamente españoles. Los textos donde imagina un guión cinematográfico, y el relato del periodista jubilado, donde roza el absurdo con lo desternillante son quizá lo más parecido a la serie de Zuckermann, de Roth. Las divagaciones sobre el origen del universo son interesantes pero las observaciones de los pájaros también son, a mi juicio, prescindibles. Dentro del conjunto de la obra de Doctorow, no es en mi opinión su mejor libro, pero como donde hay siempre queda, sigue siendo una obra de un gran escritor. Ariodante
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